Cuando algo nos sienta mal, a veces resulta inevitable centrarse en aquellos pensamientos que hacen que nos encontremos así, pero eso solo fortalece la emoción del momento. Si aprendemos a pensar menos en el suceso que nos hace sentir mal, la emoción disminuirá. Esto demuestra que los conceptos de emoción y pensamiento están estrechamente relacionados.
No podemos cambiar nuestras emociones, ya que forman parte de nosotros y debemos comprenderlas. Sin embargo, sí es posible cambiar nuestra forma de pensar a la hora de afrontar un problema. Esto influye en nuestra actitud y en las decisiones que tomamos. Si nos centramos en lo negativo, nos sentiremos peor y al final crearemos un ciclo de ideas, acciones y emociones negativas. Sin embargo, cambiando nuestra forma de pensar, podemos cambiar ese ciclo. Por ello, es muy importante tener en cuenta una serie de técnicas que pueden ayudar a gestionar estas situaciones:
- Aprender a parar el ciclo de pensamientos negativos centrándonos en otra cosa que nos ayude a desconectar con el fin de reflexionar con más calma más adelante.
- Identificar los pensamientos negativos de una situación para pensar en las medidas concretas que hay que tomar para cambiarlos por pensamientos positivos.
- Cambiar nuestra forma de analizar las situaciones para evitar malentendidos y discusiones. Para ello es fundamental escuchar a los demás, ya que nos ayudará a comprender mejor sus circunstancias y evitará que juzguemos antes de tiempo o que pensemos que nuestro punto de vista es el único correcto. También es importante reconocer los errores, ya que demuestra que queremos encontrar una solución y que estamos preparados para seguir avanzando.
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